martes, 31 de marzo de 2009

Sucesión de días

Queridos lectores, vuelvo por estos lares. He terminado los exámenes, y las vacaciones se aproximan, por lo cual, podré dedicar mucho más tiempo a mimar el blog. Hoy traigo una sorpresita, un pequeño relato de una joven escritora que se ha puesto en contacto conmigo. La felicito por el buen relato, la complejidad de la idea y el modo de expresarlo. Espero que disfruteis con él tanto como yo, y animaros a mandar vuestros textos si quereis que se expongan en esta página. ¡Un cordial saludo a todos y todas!

Iba caminando por la transitada avenida llena de estudiantes, de madres dejando a sus hijos en la escuela, de hombres conduciendo desesperadamente entre el inmenso tráfico que no les permitía llegar a su destino. Mis pasos eran fuertes y rápidos, en esta ciudad todo debía ser así: apresurado. Pero a pesar de esa circunstancia podía apreciar todo a mi alrededor, el viento tocaba mi rostro, despertándome, los delicados rayos de sol acariciaban mi piel, podía sentir su calidez, podía sentir que estaba viva. Pude sentir la esencia de mi ser, saborear mis sueños, abrazar mis esperanzas… pude sentir que era yo y que todo estaba bien. No tenía un camino fijo, sin embargo seguí caminando ya que no importaba a donde llegará, lo que importaba era que siguiera un camino y fuera feliz.

Mariana Sánchez

domingo, 22 de marzo de 2009

La simplicidad de las cosas

Bueno, aqui me encuentro de nuevo para compartir con vosotros una nueva creación. Con eso de los exámenes trimestrales no he tenido mucho tiempo, así que es un breve relato que tuve que redactar para incluirlo en un fancine. Se llama Mar de Leva, y éste sería el segundo número que saquemos los componentes del taller de prensa de mi instituto. Es muy interesante, puesto que la gran mayoría aporta algo, un cuento, un poema, una canción... Como me encargo de montar este año la revista, podría subir algún relato con el consentimiento del autor. Barajaré las posibilidades y os comentaré. Y ahora sí, sin más preámbulos, el relato. Espero que disfruten con él.

Saludos.


La nueva casa parecía tener habitaciones más amplias.
En la entrada había un gran jardín con enormes cipreses, arbustos recortados en formas geométricas, cúmulos de flores coloreadas de infinitos colores. Un caminito de cantos rodados llevaba hasta detrás del edificio, donde florecía un vergel mucho más extenso. En una de las esquinas se distinguía un bosquecillo de sauces. En la otra, una laguna con nenúfares, juncos y plantas similares. Parecía una postal de Versalles. El agua fluía en una fuente de mármol. El borboteo incesante apremiaba a dejarse llevar por el susurro y dormir plácidamente.
Mis ojos se desviaron hacia una figura que se encontraba sentada en el borde del surtidor. Pensé que era una de esas esculturas que imitan las figuras griegas. Pero vestía un camisón azulino, que le llegaba por debajo de las rodillas. No era una escultura, ni Natalie, ni Marian, ni Gina, ni tampoco Paola. Iba a aproximarme hacia ella, pero de improvisto, desapareció. Sería una ilusión mía, porque no volví a verla. Ya regresaba al interior de mi hogar. La noche había caído y sólo unos tenues rayos permanecían en el cielo, luchando por no apagarse. Las frondas perfilaban runas amenazadoras que intimidaban a cualquiera. Casi corriendo, con el pulso en la sien y el miedo persiguiéndome. No veía nada a mí alrededor.
De repente, me salió una persona al paso. Era la muchacha de la pila. Su piel tenía una tonalidad cadavérica. Llevaba una túnica fina, de la cual salía un solo conjunto, un muslo que terminaba en un muñón translúcido.

sábado, 21 de febrero de 2009

Mucho que decir en pocas palabras

Bueno, aquí estamos de nuevo. Esta vez, para mencionar un tipo de escritura que no es muy practicado, y no se valora tanto como debería. Me refiero al microrrelato. En esta semana colocaré un par de ellos que he estado escribiendo, conforme los retoque y mejore.



"Existir. Ese era mi problema. El simple hecho de ser quien soy, de ser como soy. Me ahogaba en un mar de sufrimientos, remordimientos y dolor. Jamás me hubieran convencido de lo contrario. La realidad era que mi vida goteaba, iba desapareciendo poco a poco. Cuanto más me obligaban, peor. Mi sombra me perseguía en las tinieblas. Mi piel cada vez se juntaba más a mis huesos, el tiempo absorbía mi esencia. Me vigilaban mucho, para que no dejara de alimentarme. Yo me las arreglaba para después de eso, eliminar toda sustancia de mi cuerpo. Creía que sería lo mejor, que podría ser feliz. No conseguí burlar a la muerte."



"La gente cambia. La sociedad rota, gira y se transforma. La depresión es ya una cosa en común para todas las persona. Sin embargo, yo soy distinta. Veo como el tráfico avanza, se atasca y vuelta a empezar. El ruido, el humo y los malos modos. Lo vivo, lo siento, pero no me afecta. Desde mi ventana observo el gran edificio que se alza frente a mí. Con sumo cuidado, tomo el mando de dos botones, y cuento. 4...3...2...1..."



Espero que hayan sido de su agrado. Les comento que si tienen algún texto que quisieran publicar, puede contactar conmigo en esta dirección de correo:

lidiamartinlopez@hotmail.com


Un cordial saludo.

Lidia.

martes, 10 de febrero de 2009

Al ataque vamos

Subo, después de siglos de abandono en el lugar, un pequeño relato que estoy comenzando. Espero que les guste, y que aporten ideas para continuarlo. Gracias a los lectores, que sé que algunos nos leen desde el otro lado del charco. Un saludo y espero que sea de su agrado. Allá voy:

El tren abandonó la solitaria estación. El muchacho cargó con sus pesadas maletas y se dirigió a la salida. En aquel andén había dos únicas personas. Preguntó a una malhumorada señora por un albergue cercano o un hostal barato donde pudiera pasar esa fría noche. La señora clavó sus dos ojos azules en él y se giró, despreciándolo.

El muchacho salió a la calle desierta, temblando y comenzó a caminar. Sus pasos lo condujeron, al azar, hacia lo que parecía ser una pensión. Una sencilla placa lo anunciaba. Ya era muy tarde, pero detrás de las finas cortinas vio una luz mancilenta. Llamó a la puerta. Un hombre enjuto acudió, vestido con una bata larga y unos calcetines agujereados.

-¿Qué desea?- preguntó el hombre, algo reservado. El joven sacó algo de su bolsillo, un gran parche amarillo, con una estrella negra de seis puntas. El señor se quedó perplejo. Le lanzó una mirada inquisitiva, pero los ojos del chaval transmitían sinceridad. Asintiendo, se apartó de la puerta y le dejó pasar. Sin mediar una palabra, le condujo por unas escaleras destartaladas, hacia el final de un estrecho pasillo. Una vez allí, sacó una llavecita oxidada y le indicó con la mano que entrase.

“Día 13. Llevo ya casi dos semanas viajando sin rumbo fijo, o eso creo. Cada día que paso, la soledad me corroe por dentro. No deja que mi cicatriz sane. Mi ánimo flaquea cuando recuerdo lo lejos que estoy de allí. Cómo mi vida se ha desmoronado ante mis ojos, y sin poder evitarlo. En esta ciudad se respira el mismo aire puro, y en el horizonte me ha parecido distinguir un bosque de coníferas. No lo había pensado antes, pero toda mi vida la he pasado entre vegetación de ese tipo...”

Los recuerdos invadieron la mente del joven, las imágenes de unos años sin preocupaciones ni obligaciones, cuando todavía estaban con él. Sin tener consciencia del tiempo que pasaba, se quedó profundamente dormido. Al principio el sueño era tranquilo, pero, poco a poco, se definían sombras mediocres, y un susurro en su mente le suplicaba ayuda.

lunes, 8 de diciembre de 2008

El tiempo se marcha

Bien, sigo siendo un desastre. Me faltan horas en el día para poder estudiar y llevar el blog actualizado. Los exámenes de Diciembre son mortales... Pero bueno, dejo esta especie de relato-poema para mantener las brasas encendidas hasta que disponga de tranquilidad. Gracias a los que leen este pequeño rincón.

A continuación, el texto. Dice así:

El tiempo se marcha, va camino del olvido. Los segundo son efímeros. Los minutos nos inquietan. Las horas desesperan, los días amargan y los meses duelen. Los años alimentan el recuerdo. El tiempo es subjetivo. Una tarde se nos hace eterna cuando hay que estudiar, cuando no hay un buen libro que leer, cuando la lluvia llama a tu ventana y no puedes salir a saludarla. Sin embargo, logramos que ese mismo tiempo, cerca de una persona especial pero en las mismas circunstancias, se conviertan en microsegundos. El tiempo, bello invento para controlar cada instante de movimiento, triste juego para frenar el curso de la vida.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Renacer

Como ave fénix, renazco de las cenizas que sembré. Sin tiempo alguno, dejé abandonadito este rincón de remanso y paz. Ahora, más segura de mí misma (y con tiempo libre suficiente) me propongo llenar esta página con la hermosura de las palabras. Ideas, textos redactados por mí, fragmentos de libros y similares colgaré aquí para que personas que sientan lo mismo que yo al estar frente a un papel en blanco y un lápiz en mano. Dejo un poema de Bequer muy bonito:

Rima LXVIII

No sé lo que he soñado
en la noche pasada.
Triste, muy triste debió ser el sueño,
pues despierto la angustia me duraba.

Noté al incorporarme
húmeda la almohada,
y por primera vez sentí al notarlo,
de un amargo placer henchirse el alma.

Triste cosa es el sueño
que llanto nos arranca,
mas tengo en mi tristeza una alegría...
¡Sé que aún me quedan lágrimas!


Gracias por leer.
Saludos,
Lidia.

sábado, 27 de octubre de 2007

Empecemos

Vamos a empezar pues, ya que todos nos hemos presentado. Y que mejor que empezar con una historia colectiva. Sí, la del soldado en su última batalla. La tenemos planteada, sólo queda escribirla. Os pongo el principio y la continuáis. Podéis escribir poco, o podéis escribir mucho, lo que gustéis. Bien, comencemos:


Era la última batalla. Había luchado durante largos años al servicio de su rey. Ahora, frente al espejo, contemplaba a un soldado viejo y cansado que se preguntaba si sobreviviría para ver el amanecer. En el campamento ardían hogueras en torno a las que calentaban sus huesos los jóvenes reclutas, casi unos niños. A lo lejos también ardían las antorchas de los centinelas de la ciudad enemiga.


Comenzad y haber si sale bien.

Lidia